I
II
Nacido en una cabaña sobre una
plantación de algodón cercana a Itta Bena, Mississippi, Riley B.King cumple
este 16 de Septiembre 88 años y contando. Ineludiblemente, por raza y
antecedentes, a los 9 ya estaba recogiendo copos blancos y cantando en las
calles, lo cual es una excelente manera de iniciarse en esto del blues. Hay quien dice que el blues es la madre de todas las músicas
del siglo XX; en todo caso, en estas primeras décadas del siglo, para un negro
aparcero en el profundo Sur resultaba imposible eludir que las cenizas de su
historia serpenteaban por una realidad estéril dispuesta a enterrar esperanzas.
Riley decidió que eso de rendirse ante lo perverso de la cotidianeidad era como
entregarse a los que no sueñan, a los que no aman y a los que visten de luto
los corazones de los que los rodean. En los cuarentas, King consigue un trabajo
de DJ en una importante radio de Memphis y alterna con actuaciones en clubs
locales. Una noche hay una pelea en el club entre dos parroquianos por una mujer,
como consecuencia el local se incendia y King se mete a rescatar su Gibson
acústica. La mujer por la que pelean se llama Lucille y Blues Boy King decide a
partir de entonces que esa Gibson y todas las que vendrán después se llamarán
Lucille. Son innumerables los discos grabados, las canciones compuestas, los
Grammys y los premios de todo tipo recibidos por este músico insigne. Su manera
de tocar es única y crea escuela. Sin nungún deseo de convertir esta columna en
una reseña lavada con multitud de fechas y acontecimientos tipo wikipedia, solo
debería concluír que el King más que una referencia musical es definitivamente,
una referencia histórica y que su música suele ser un ejercicio de metafísica
inconsciente, en la cual el espíritu no sabe que hace filosofía.
Palabra y dibujo: Xulio Formoso
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